Para volver y volver

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Aquí seguimos, los tres valientes, pasando la cuarta tormenta de nieve desde que llegamos, mientras pasan los días, con o sin planes y la pequeña Celia crece cada día, ha dicho sus primeros “ajos” y ha soltado su primera carcajada.

A nosotros, simplemente se nos cae la baba cuando pronuncia cualquiera vocal, se nos olvidan todas las penas. Intentamos establecer horarios, sin mucho éxito y luchamos contra esto de la maternidad y paternidad que de fácil y sencillo tiene poco. Sí, es algo que no se puede explicar con palabras, estamos encantados de la vida con nuestra mini familia, pero las ojeras parecen haber comprado sólo el billete de ida.  Disfrutamos con sus miradas de búsqueda de atención y la achuchamos cada tres minutos.

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Los paseos siguen siendo divertidos e interesantes y vamos descubriendo nuevos sitios a los que tenemos que volver para hacer todo eso que nos dejamos en el tintero. El “Ritmo Celia” es algo a lo que andamos adaptándonos.

Un rinconcillo al que nos apetece volver es el Chelsea Market, volver al mercado y a el barrio, que tiene una pinta estupenda.

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Siempre nos encanta detenernos en tiendas llenas de cosas curiosas, “perder” el tiempo eligiendo una taza de entre doscientas…, ojear libros, tocar  el “no tocar por favor”, y salir de la tienda con la cabeza llena de ideas nuevas y algún detalle en la mano .

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Seguramente no me vaya a comprar esa pamela roja que me tiene que dar un toque hamptoniano estupendo, ni me compre uno de esos bolsos que me chiflaron… El poder coger el metro para retomar la idea que hace que pienses “a la próxima”…

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Sentarte en una silla, mientras eliges comida para llevar, desde langosta a un té aromático, una sopa tahi, o unas lentejas… Multivariedad que enriquece el ambiente.

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Mirar esta foto y trasladarse a Granada… sus calles, su sol… su luz.

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Volver para poder probar en la Fat Witch uno de sus brownies, que son famosos en la ciudad…para poder contar lo que es un delicioso brownie neoyorquino…, tantas cosas queremos hacer… esperando a que llegue un pelín de buen tiempo para salir a diario y no perder el ritmo…

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Hoy, día de vestir de rojo, o de verde, de celebrar si es que quieres, o de pensar que cada día es especial y de hacerlo especial. Hoy bailaremos bajo la lluvia…

estoy temblando a cada rato... te quiero!!!

estoy temblando a cada rato… te quiero!!!

Una canción que me encanta para ti padre y sastre…

También dentro de nuestra playlist de Spotify… Momentos especiales… La banda sonora de nuestra vida

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Entre puntas y tutús… JR

Hoy, llego un poco tarde para horas españolas, pero llego, algo rápido, ligero y bonito de ver, como las fotografías de JR. Un artista “callejero”, que tiene una especial manera de enseñar a el mundo su punto de vista.

foto de coco

foto de coco

Una plan gratuito en NYC, en Lincon Center, dentro de New York City Ballet, para pasar un ratito resguardados del frío.

foto de coco

foto de coco

Fotografías impresas en madera, que ya querría yo una para mi salón o como cabecero de cama.

foto de coco

foto de coco

Desde que ese día le sigo en instagram …

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Hoy, vuelta a la ola de frío, aunque creo que de esta nos bajamos pronto…

foto de coco

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Hoy, pocas palabras, la pequeña no me deja sentarme ni un minuto… Mañana os contamos otro día muy divertido en Chelsea…

 

 

 

 

 

Un refugio infantil

No todo es parque y jugar en la calle. Los refugios donde esconderse en estos días de frío para los adultos, son fáciles de encontrar, bares, restaurantes y cafés, sirven de gran ayuda, pero, ¿y los niños?
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El otro día dando un vuelta por una librería conocida para despejarme un poco, decidí visitar la zona infantil. Quién me conoce un poco sabe mi obsesión por los cuentos y las librerías infantiles. Bien, pues mi sorpresa al llegar cuando me encontré los pasillos llenos de niños por el suelo con un libro en la mano, papás, mamás, abuelos y abuelas leyendo cuentos a sus pequeños…

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Y pensé, ” qué maravilla!”… La libertad de poder coger cualquier cuento y poder ojearlo, manosearlo e incluso hacer rutina cada día con la lectura.

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Era el paraíso de cualquier niño, y el de cualquier libro, ser usado.

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Me encantó ver a la gente descansando, leyendo sus propios libros, mientras sus hijos, ya un poco más mayores tumbados boca abajo disfrutaban de su lectura… , qué maravilla, pensé de nuevo, y mi cabeza comenzó a revolucionarse imaginando, soñando, con la librería que me gustaría tener, donde los niños salen del cole y vienen corriendo a tirarse en el suelo alfombrado a leer un libro…
Hice fotos como pude, sin llamar la atención, sin encontrar miradas… hice lo que pude…

Cualquier día bajo con la pequeña Celia, y le leo un cuento.

Feliz martes….

Un paseo con personalidad… Williamsburg

No nos habíamos puesto la barba hipster, ni una camisa de cuadros, ni un gorro de lana de un color neutro, ni mucho menos nos habáimos tatuado los brazos.  Pensamos que no sería para tanto, pero la sorpresa de poder encontrar un barrio con tanta personalidad al otro lado del río, nos encantó.

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Volvimos a coger el metro, con toda la preparación que se merece para que Celia no pase ni una gota de frío. Los carritos son impensables en esta ciudad de escaleras y multitudes en cada esquina, asía que no nos queda otra que movernos con la mochila. Ella, tan contenta, no puede ir más a gusto y calentita, nosotros, mientras podamos movernos, somos felices.

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El metro neoyorquino, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, pero hay algo muy bueno que nos encanta, y es esperar el tren mientras escuchamos música. No siempre es magnífica, pero muchas otras veces sí.

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Este trío de cuerda nos encantó, a nosotros y a todo el andén. Un pequeño concierto para comenzar el día y ponerle banda sonora a la mañana.

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Williamsburg, es un barrio de Brooklyn donde al salir del metro ya se respira otro aire diferente al de Manhattan. Cargado de cafés y restaurantes de lo más peculiares,…, con cierto aire artístico y desenfadado, que  atrae a cualquiera a dar un paseo.

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Nos lo pasamos pipa descubriendo tiendas con una imagen muy cuidada, como esta de caramelos donde te los llevas en una tarritos de cristal.

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O esta donde nos probamos montones de sombreros, y los dependientes eran la imagen de lo que entendemos por hipster look.

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Echamos el rato en otra tienda lleeeeena de artilugios para cocinar. Cientos de cosas curiosas, para cualquier cosa que se te pase por la cabeza, de cualquier tamaño, allí lo encuentras.

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Nosotros, ya ves tú, salimos de la tienda con un pela patatas… pero uno muy bueno… Hay que volver… Sobre todo, es una delicia para los/las reposteros…

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A punto estuve de comprarme un molde con forma de cohete, peroooo, no, no soy repostera. Casi más lo usaría de colgante que de otra cosa.

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Comimos en un restaurante chulísimo, St.Anselm, creo recordar, y salimos de otro que será apuesta segura para la próxima vez.

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Un contraste muy interesante, al otro lado del río, y con un encanto especial.

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Menos mal que todavía nos quedan unas cuantas semanas aquí para poder volver. Con Celia vamos a un ritmo tan diferente, que se nos quedan muchas cosas en el tintero, pero nos encanta pasear a su lado, y saber que está formando parte de toda esta aventura. El ritmo de un bebé es el que marca las comidas, las horas de tienda, los cafés obligados, la vuelta a casa demasiado temprano, o las salidas demasiado tarde para lo que teníamos pensando,…, ella es la que manda.

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Bueno, lo dicho, la próxima vez volvemos con los brazos tatuados, barba de un mes, gorro de lana y camisa de cuadros, bueno, el padre y sastre…

Feliz comienzo de semana…

El color de las cosas

Hoy, añoramos Madrid. Y puede resultar extraño que estando en un destino donde tantos disfrutan de su Luna de Miel, y a el que tantos envidian, tengamos ganas de volver a nuestro sol de invierno, a la luz de media tarde, a la facilidad de moverse… a tantas cosas.

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Y creo saber la respuesta, es bien sencilla y esperada. Disfrutar de la calle, de los paseos, de un refresco en un bar, de escaparates…

Olas de frío que al lado de las de allí son de esas que se rompen en la orilla y no llegan más que provocarte un pequeño escalofrío porque te mojan la epalda. Las de aquí, simplemente te tumban.

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Así que, aunque cuesta, nos olvidamos de a dónde hemos ido a caer y nos quedamos con el por qué.

Estamos aquí para verle crecer, para recargar las pilas de su ilusión, de volver a llenar su caja de sastre de hilos de colores.

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Porque si no todo pierde sentido, la misma ciudad desaparece, los objetivos se nublan y nos volvemos locos.

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Menos mal que tenemos refuerzos que viene a bagar solos por la jungla y que nos llenan los días de novedades, ya sea en forma de desayunos o de peli y palomitas.

Y porque nuestra pequeña le pone color a toda esta neblina…

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sé que sale borrosa, pero me encanta

Días de pensamientos, mañanas de planes. Mañana os enseño una exposición en Lincon Center que nos sorprendió gratamente.

Feliz Viernes

Un piano de bar

En una ciudad, donde las calles son infinitas en el horizonte, los edificios compiten en altura y la cantidad de gente que habita es tan abrumadora, no es difícil encontrarse con una multitud de cosas chocantes. La vida en las calles es… arrolladora.

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Tras tres semanas aquí, todavía no nos habíamos cruzado con Empi, como diría Ted (cómo conocí a vuestra madre). Y así, con estas vistas y a los pies del Flatiron, nos comimos el domingo una de las mejores hamburguesas al aire libre.

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En un kiosco de Madison Square, donde el ritmo de un piano nos hacía mover los pies bajo la mesa.

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Un piano de bar de madera vieja y pedales caídos, donde improvisaba canciones contemporáneas un chico muy alegre.
A su lado le acompañaba un ciclista que movido por la música, había parado en seco para cantar y fumar un pitillo.

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Así un pequeño de no más de dos años se reía como loco al apoyar sus manos contra la espalda del piano y notar su intensa vibración.

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Bien es cierto que el tiempo nos retiene en casa, pero cuando salimos aprovechamos todo lo que podemos,.. Ahora, preparándonos para la siguiente ola de frío. Un poco duro esto.

Let it snow

Justo en el momento de hacer “click” , me doy cuenta de que no he metido la tarjeta en la cámara, qué rabia!, esta vez la nevada ha dejado las calles muy esponjosas.

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Realmente precioso y lo poco que he podido captar ha sido con el móvil. De todas formas, se avecina otra tormenta de nieve está noche.

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Este año nos estamos cubriendo bien de nieve, y aunque parezca engorroso y dificulte nuestro día a día, quedará un recuerdo muy bonito.

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Porque es realmente espectacular la visión de la ciudad. Parece vestida de gala y preparada para ver La Bohéme.

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Y aunque parezca romántico y algo cursi, la nieve parece descansar con cuidado en las ramas, con miedo de despertar a el anfitrión en el que han ido a caer.

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Desde luego no nos faltan ganas para salir con nuestro carrito sueco que se encuentra como pez en el agua.

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A mi, me falta ir con patines…

Prometo mejores fotos, hoy tenemos una dulce visita, de nuestra dulce Coco… qué recuerdos para meter en nuestra maleta…

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