Un paseo con personalidad… Williamsburg

No nos habíamos puesto la barba hipster, ni una camisa de cuadros, ni un gorro de lana de un color neutro, ni mucho menos nos habáimos tatuado los brazos.  Pensamos que no sería para tanto, pero la sorpresa de poder encontrar un barrio con tanta personalidad al otro lado del río, nos encantó.

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Volvimos a coger el metro, con toda la preparación que se merece para que Celia no pase ni una gota de frío. Los carritos son impensables en esta ciudad de escaleras y multitudes en cada esquina, asía que no nos queda otra que movernos con la mochila. Ella, tan contenta, no puede ir más a gusto y calentita, nosotros, mientras podamos movernos, somos felices.

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El metro neoyorquino, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, pero hay algo muy bueno que nos encanta, y es esperar el tren mientras escuchamos música. No siempre es magnífica, pero muchas otras veces sí.

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Este trío de cuerda nos encantó, a nosotros y a todo el andén. Un pequeño concierto para comenzar el día y ponerle banda sonora a la mañana.

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Williamsburg, es un barrio de Brooklyn donde al salir del metro ya se respira otro aire diferente al de Manhattan. Cargado de cafés y restaurantes de lo más peculiares,…, con cierto aire artístico y desenfadado, que  atrae a cualquiera a dar un paseo.

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Nos lo pasamos pipa descubriendo tiendas con una imagen muy cuidada, como esta de caramelos donde te los llevas en una tarritos de cristal.

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O esta donde nos probamos montones de sombreros, y los dependientes eran la imagen de lo que entendemos por hipster look.

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Echamos el rato en otra tienda lleeeeena de artilugios para cocinar. Cientos de cosas curiosas, para cualquier cosa que se te pase por la cabeza, de cualquier tamaño, allí lo encuentras.

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Nosotros, ya ves tú, salimos de la tienda con un pela patatas… pero uno muy bueno… Hay que volver… Sobre todo, es una delicia para los/las reposteros…

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A punto estuve de comprarme un molde con forma de cohete, peroooo, no, no soy repostera. Casi más lo usaría de colgante que de otra cosa.

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Comimos en un restaurante chulísimo, St.Anselm, creo recordar, y salimos de otro que será apuesta segura para la próxima vez.

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Un contraste muy interesante, al otro lado del río, y con un encanto especial.

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Menos mal que todavía nos quedan unas cuantas semanas aquí para poder volver. Con Celia vamos a un ritmo tan diferente, que se nos quedan muchas cosas en el tintero, pero nos encanta pasear a su lado, y saber que está formando parte de toda esta aventura. El ritmo de un bebé es el que marca las comidas, las horas de tienda, los cafés obligados, la vuelta a casa demasiado temprano, o las salidas demasiado tarde para lo que teníamos pensando,…, ella es la que manda.

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Bueno, lo dicho, la próxima vez volvemos con los brazos tatuados, barba de un mes, gorro de lana y camisa de cuadros, bueno, el padre y sastre…

Feliz comienzo de semana…

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